Kindle 3

Llevo bastante tiempo sin escribir, no por faltas de ganas, pero las “vacaciones” me han tenido ocupada, o desocupada, según se mire.

Hoy he decidido escribir para hablaros de mi nuevo juguete, el kindle 3.

Cuando salieron los ebooks me llamó enormemente la atención. Estuvimos mirando precios y vimos que eran excesivamente caros, amén de que era algo muy novedoso y seguro que en breve saldrían modelos de mejor calidad y precio.

Me olvidé del tema ebook por muchos meses hasta estas vacaciones.

Este verano hemos estado de camping en la zona de la Vera (Cáceres). Tengo pendiente un post dedicado exclusivamente al primer camping que pisamos, el camping Jaranda, al que no volveremos a ir ni aunque nos paguen.

En el segundo camping que estuvimos, el Yuste, en Aldeanueva de la Vera, teníamos de vecinos a un matrimonio bastante antipático. Apenas intercambiamos un par de saludos. Ella estaba todo el día leyendo en un libro digital. Eso me hizo recordar el interés que había mostrado por ese cacharrillo unos meses atrás.

Nada más volver a Talavera, navegué por la red buscando información sobre los libros electrónicos. En todos los foros que visitaba había menciones al kindle.

Convencida de que de sería un buen aparato me puse a investigar más concretamente sobre este modelo.

Todo lo que leía era bueno. Las críticas con respecto a su pantalla E-link, su tamaño, su manejo intuitivo, el número de libros que podía almacenar, el soporte técnico, todo eran buenos comentario hacía él.

Después de pensármelo un par de días ( no podía recapacitarlo mucho por si mi parte menos caprichosa se desencaprichaba) decidí comprarlo.

En menos de 48 horas y tras 136 € menos en mi cuenta, el kindle 3 estaba en mi casa, en mi salón, dispuesto a que lo cargaran y listo para su uso.

Esa misma noche empecé a leer en él. Desde entonces, de eso hace 10 días, no he parado. Me  he leído dos libros y unos 50 cómics.

Tras estos días de prueba sólo puedo hablar maravillas de mi nuevo juguetito. Bueno, maravillas en cuanto a su uso para leer libros, para leer cómics no me ha convencido, pero para leer libros, que es para lo que está pensado, es una pasada.

Sus principales ventajas son:

– Peso: es un aparato muy ligero que no te cansa las muñecas. Acabo de releerme El clan del oso cavernario, es un libro pesado y leerlo en formato papel en la cama resultaba algo molesto, con el kindle es tan cómodo que he tardado mucho menos en leermelo que en formato papel.

– Pantalla: el tipo de pantalla es increíble. Es como si estuvieras leyendo sobre papel. Al ser mate y sin iluminación hace que los ojos no se cansen nada de nada y te permite leer durante horas sin que tus ojos se resientan.

– Almacenaje: 3500 libros. ¿Alguien es capaz de leer ese número de libros en una sóla vida? El kindle tiene 4 gb de memoria interna. Otros libros digitales tienen ranura para tarjeta memoria, el kindle no, pero, ¿es necesario?. Yo sigo pensando en una cifra: 3500 y me parece una cantidad más que suficiente.

– Facilidad de encontrar libros: Es cierto que comprar ebooks para el kindle todavía es algo complicado. Las editoriales españolas no han visto el suficiente filón entre los libros digitales y se están haciendo de rogar. Aún así, puedes encontrar miles de libros en muchas webs de la red. (A la media hora de haber comprado el kindle tenía en mi escritorio más de 300 libros descargados).

-Uso intuitivo: el kindle tiene un menú muy intuitivo.

Desventajas:

– Sólo se puede comprar en la red, en concreto en la web de Amazon, que para colmo está en inglés.

– El menú es en inglés, pero es fácil encontrar manuales en español y aún así, es muy fácil de usar.

– Tiene un formato especial, Mobi. Si tienes algún libro que no esté en este formato lo tienes que convertir. La buena noticia es que hay un programa muy fácil de usar y gratuito que se llama Calibre.

Mi conclusión es que he hecho una buena compra. Que he comprado un e reader con una relación calidad-precio extraordinaria y que la lectura ha vuelto a convertirse en mi pasatiempo preferido (de hecho entro mucho menos en la red).

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Vacaciones

Cuando llega julio me despiden, si si, me despiden, así, sin miramientos. Llega el 30 de junio y se que será mi último día dada de alta en la seguridad social hasta que llegue septiembre.

Claro, la gente sabe que hace unos años, 4 para ser exactos, aprobé una oposición. No es que la gente lo sepa por arte de birlibirloque, es que yo lo pregoné, es algo de lo que sentirse orgullosa y yo, lo estaba mucho.

Este no es un post para quejarme de mi trabajo, no tendría mucho sentido porque me encanta. Es un post para quejarme de tener que dar todos los años la misma explicación, y no por darla, que la doy encantada, si no porque me hace recordar que las condiciones de mi trabajo son una mierda, pero claro, ¿cómo me voy a quejar si tengo trabajo y no uno cualquiera, uno que me gusta y encima en la administración? pero si, me quejo, me quejo porque el hecho de que me despidan en verano tiene sólo una cosa buena y muchas malas:

Pros: tengo dos meses libres, en los que cobro paro sin necesidad de buscar curro porque el 1 de septiembre lo tengo garantizado.

Contras:

– Cotizo 10 meses al año, por lo que para conseguir mi jubilación voy a tener que trabajar más años.

– Tardo medio año más en conseguir trienios, mientras que la gente necesita 3 cursos para poder cobrarlos yo necesito 4.

– Como los dos meses que me despiden cobro prestación, me perjudica a la hora de hacer la declaración y casi siembre me toca pagar. La gente me dice, si pagas es porque cobras mucho….error, si pago es porque hay cosas que no se entienden. ¿Cómo es posible que no llegando al mínimo ni por asomo me toque pagar?, ¿por tener dos pagadores? pero si uno es el paro, señores, ¿¿¿¿es que no saben leer????

– No acumulo antigüedad en mi trabajo nada más que los 10 meses que estoy contratada.

– Me tengo que trasladar hasta Toledo en julio, para firmar mi  cese y que me den los papeles para el paro, y en septiembre para firmar mi alta. O sea, que tenemos una delegación de servicios de la junta en la ciudad y no nos sirve para nada. Me tengo que gastar x dinero en gasolina dos veces en dos meses porque a ellos no les da la gana mandar el papelito a la delegación de mi ciudad.

– Todo el mundo me dice: ¡qué bien! ya de vacaciones. Y claro, al principio decía: Si, qué bien se está de vacas. Pero ahora no, no me da la gana que la gente se piense una cosa cuando es errónea.

No, no estoy de vacaciones, estoy en el paro. Y aunque mi optimismo extremo me haga disfrutar de ello como si lo fueran, lo cierto es que no son vacaciones.

¡Buen verano!

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Treinta y cinco

El pasado lunes fue mi cumpleaños.

Treinta y cinco primaveras llevo por estos lares.

A lo largo de estos treinta y cinco años he hecho muchas cosas en mi vida.

Tuve una infancia feliz, una adolescencia con épocas rebeldes y una juventud bastante tranquila.

Nunca fui buena estudiante, demasiadas cosas que hacer y que pensar como para sentarse delante de un libro a aprenderte la lección. Aún así tengo un ciclo de grado superior, una diplomatura, una licenciatura a medias y otro ciclo de grado superior pendiente de 3 asignaturas. (He de decir que de mayor he sido mejor estudiante que la que era en el instituto).

Desde siempre me ha gustado la lengua de signos y la comunidad sorda y llevo trabajando de intérprete desde el año 1999.

Aprobé una oposición en el año 2007, con 31 años recién cumplidos y me dieron destino, en la ciudad en la que nací, crecí y he vivido casi siempre, en el 2008. Ese mismo año me embaracé y en el 2009, con 32 añitos, fui madre.

Han pasado treinta y cinco años desde que mis padres se convirtieron en padres. Nunca supe lo que eso significaba, podía entender el amor de una hija hacia sus padres, ese amor incondicional, pero nunca me planteé cómo era el amor que mis padres sentían por mi.

Dicen que cuando te conviertes en madre descubres muchas cosas, descubres la paciencia, la calma, el sacrificio, pero sobre todo, descubres el amor, es un amor muy distinto al que puedas sentir por tus padres, o por tus hermanos, o por tu pareja, es una amor, tan grande, que los primeros meses me cortaba la respiración. Miraba a Martina y pensaba en cuanto la quería y se me saltaban las lágrimas. Hoy en día, se lo digo a menudo y es un placer cuando ella me contesta con su lengua de trapo: “Yo también” o te dice “Te quiero mucho” o incluso cuando lo dice con sus manitas, con esa lengua de signos que aprende conmigo, y siempre lo dice cuando menos te lo esperas, cuando más lo necesitas, o quizás siempre acierta porque el cariño siempre se necesita, y el sentirte querido es imprescindible en la vida.

En estos treinta y cinco años me he sentido querida. He notado el amor de mis padres con sus actos, con su día a día, con sus esfuerzos. He notado el de mis hermanos con sus llamadas, con sus conversaciones, con sus confidencias. He notado el amor de mi pareja con sus abrazos, con sus palabras. Y noto el amor de mi hija con su presencia.

En definitiva, he cumplido treinta y cinco años y espero seguir cumpliendo muchos, muchos más y sobre todo espero que se parezcan a estos primeros.

Gracias a mi familia, a mi gente, a mis amigos, a todas esas personas que se han acordado de mi en mi día, a aquellas personas que me han dejado su felicitación en el facebook, a todas aquellas que me han escrito un correo electrónico, y muy especialmente, gracias a los que me acompañaron en ese día e hicieran de él un día estupendo.

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Me ha salido un cana

Me gustan las canas. La gente me dice que es porque no tengo ninguna. Ya no podrán volver a decirlo. Ayer, mientras me peinaba, vi cómo lucía solitaria una cana sobre mi oreja derecha. ¿Habrá sido una premonición? Ay canita mía, ¿Por qué no has salido sobre mi oreja izquierda?

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¡Feliz cumpleaños Martina!

El 14 de diciembre de hace unos cuantos años nació el papá de Martina. Fue un nacimiento muy rápido, tan rápido que fue un nacimiento de película…..pero esa es otra historia.

Diez años después, el mismo 14 de diciembre, nació la primera sobrina del papá de Martina, es decir, la prima de Martina. Silvia es la hija mayor de la hermana mayor del papá de Martina, es decir, la tía de Martina.

María Carmen es como se llama la tía de Martina y ella nació el 10 de mayo. Unos cuantos años después nació Martina, el mismo día, el 10 de mayo.

Hermana y hermano tienen hijos el mismo día de su hermano y de su hermana. Se ha cerrado el círculo.

Acaba de empezar el 10 de mayo y miro un par de años atrás y me veo teniendo contracciones, preparándome para el momento más importante de mi vida, el nacimiento de Martina.

Han pasado dos años, rápidos, intensos, felices. En estos dos años hemos aprendido que el amor hacia un hijo/a es algo que no se puede medir, es algo tan grande y tan maravilloso que no se puede describir.

Han pasado dos años desde el primer momento en el que sentí el cuerpo cálido de Martina sobre mi tripa todavía hinchada.

Han pasado dos años desde ese primer momento en el que Martina se agarró a mi pecho y empezó a comer y a hacerme ver que la fuerza y la persistencia es algo contra lo que no se puede luchar.

Han pasado dos años desde que la pareja pasó a formar el trío, un trío al que le gusta estar juntos, unidos, abrazados, sintiéndonos, queriéndonos.

Martina ha pasado de ser un bebé, un bebé hermoso y tranquilo, a ser un terremoto incansable, cariñosa, habladora, risueña, simpática, juguetona, a ser nuestro “cachorrito”, nuestra nenita.

¡Muchas felicidades Martina!

Te queremos.

Papá y mamá.

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El olor de aquellos cómics

Para describir lo que yo siento al leer u releer una y mil veces las sagas recogidas en este tomo, tendría que saber describir el olor de los viejos cómics de Vértice, el color de sus amarillentas páginas en las que descubrí por primera vez a los héroes proscritos, tan alejados de los que por entonces eran mis personajes favoritos (y lo siguen siendo, no he cambiado): los Vengadores.

Ahí vi por primera vez unos personajes que interactuaban entre ellos de una manera natural, casi real. Las eternas discusiones entre dos personalidades tan diferentes como las de Scott Summers y Logan, las confidencias entre dos amigas tan alejadas en tantos sentidos, Ororo y Jean, o la marcada personalidad irlandesa de Sean Cassidy. También me fascinaba esa particularidad de los personajes, el que no fueran todos yanquis, el grupo lo conformaban un ruso, un alemán, un canadiense, un irlandés, lo que le daba un áurea especial y hacía más fácil el identificarse con ellos.

Tardé muchos años en poder leer todas las sagas de manera continuada, en orden cronológico, ya que mi economía de púber no daba para hacerme con todos los números y tuve que esperar hasta unos años después a la edición de Forum. De todas formas los números del volumen 3 de Vértice siguen teniendo un encanto especial, y de vez en cuando me gusta cogerlos de su sitio en el estante, quitarles sus fundas (claro, si no se deterioran) y leer otra vez Uncanny X-men

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Relato de un parto II

Hace unos día comencé con el relato de mi parto.

Así continuó…

Una vez que había salido de cuentas mi hermana se vino a dormir a casa.

El hecho de que estuviera cerca y nos pudiera acompañar al hospital nos hacía estar más relajados.

El sábado 9 de mayo Lucía salió a tomar algo. No iba a volver tarde porque sabía que yo estaba a punto de caramelo. Eran cerca de las 3 de la mañana cuando entró por la puerta de casa.

Yo estaba para irme al hospital, con un mal cuerpo que no podía con él, vomitando, y con contracciones muy seguidas y dolorosas.

Aún así, yo sabía que me faltaba un largo camino y me resistía a irme.

Llegó y me dio un ultimatum “¡Ahoramismoalhospital!” así, sin respirar. Me di cuenta de tanto ella como JP tenían razón y debíamos ir al hospital. Me di una ducha, preparé mis cosas y nos fuimos.

Al llegar a urgencias nos subieron en seguida a paritorio. En la entrada coincidí con una chica que tuvo un parto corto, rápido y menos doloroso que el mío, ¡qué envidia me daba!

La suerte de que viniera mi hermana era que justo en esa época estaba haciendo las prácticas de enfermería y podía estar con nosotros todo el tiempo.

Todo el proceso de dilatación y expulsivo estuve acompañada por dos de las personas más importantes en mi vida.

La verdad es que fue largo y duro pero tengo unos recuerdos buenísimos, cómo disimulaban cuando se acercaba una fuerte contracción o cómo se turnaban de mano para que no siempre apretara fuerte al mismo. Hubo momentos de risa, de mucha risa, de recuerdos, de lloros, fueron horas inolvidables, no sólo por el hecho de que nuestra hija/sobrina estaba a punto de nacer, sino porque estábamos compartiendo un momento único.

Nada más llegar me hicieron un tacto para valorar de cuántos centímetros estaba. ¡4 cm! la cosa iba bien y parecía que no iba a durar mucho.

Me llevaron a una habitación en la que me conectaron a los monitores y a una maquinita que iba marcando la intensidad de las contracciones, ¡madre mía!, ¡cómo subía aquello!

Todavía no había roto la bolsa y, a pesar de que no quería que me la rompieran y que se rompiera sóla, cuando llegó la matrona con un pincho larguísimo y me dijo que la rompía, no supe decir que no. Al poco rato otro tacto, la cosa iba bien ¡6 cm!. Eran las 6 de la mañana y decidimos llamar a la familia. ¡Pobres! todavía les tocaba esperar un buen rato.

Hubo un cambio de turno, o llegó otra matrona, por cierto mucho más antipática que la primera. Me hico otro tacto, y me dijo que de 6 nada, que estaba de menos y que tampoco iba tán rápido. La pobre señora, por mucho que me cueste aceptarlo, tenía razón.

Yo había decidido no ponerme la epidural y en ningún momento me dijeron nada, pero…. las horas pasaban y cada vez aguantaba menos el dolor. Llevaba toda la noche sin dormir y estaba muyyyyyyyyyy cansada. Tras meditarlo mucho y tener a Lucía de recadera para comentárselo a mi madre, decidí pedirla. Eran las 9:30 de la mañana. Después de lo que me costó decidirme tuve la mala suerte de que habían perdido mis análisis. Tuvieron que volver a sacarme sangre. Yo tengo unas venas horribles, de esas que huyen cuando ven una aguja, y no me importa demasiado que me pinchen, pero siempre aviso de cuál es mi vena buena. Le tocó sacarme sangre a la matrona antipática y me contestó: “Las venas son mi especialidad” y pinchó justo al lado contrario de donde yo le había dicho, y claro, no sacó ni una gota y a mí me hizo polvo el brazo. Resignada, pero no dando su brazo a torcer me dice: “De aquí si que te voy a sacar” y la muy….no tengo palabras amables para definirla, me pincha en la mano. No es que me doliera especialmente, sobre todo si comparaba el dolor con las contracciones, pero todo el mundo sabe que es donde más duele, hay que ser…. por supuesto ni se disculpó ni nada.

Las análisis tardaron como una hora y a las 10:30 me llevaron para ponerme la epidural.

A las 11 aquello seguía doliendo lo mismo, tuve como 15 minutos de relax, y a partir de ahí todo volvió a ser como antes. Sólo se me durmió el muslo izquierdo (en el paritorio me comentó la matrona que era imposible que me hubiera hecho efecto porque me pusieron una cánula excesivamente corta y no me llegó la anestesia, pero bueno, tampoco  me importó).

Sobre esa hora me empezó a llevar una nueva matrona, y esta vez, ganamos con el cambio. Me hizo, creo que el último tacto, y me dijo que ya estaba totalmente dilatada pero que no se asomaba nada de nada y me animó a empezar a hacer pujos con cada contracción. Estuve así 2 horas. JP y Martina me miraban la entrepierna y me decían: “no se ve nada de nada”. Yo pregunté que qué se tendría que ver y me comentaron que se debería ver algo de pelo. JP y Lucía, por más que miraban no veían nada asomar.
Tras dos horas de pujos y ver qué aquello no avanzaba la matrona decidió llevarme al paritorio para valorar qué instrumento usar. Al ser un parto instrumentalizado no dejaron pasar ni a JP ni a Lucía. Yo me fui hacía aquella habitación sóla, sin los míos, a sufrir con casi total seguridad una gran herida.

Una vez llegamos al paritorio me tumbaron en el potro, me coloqué y escuchaba cómo la matrona y la auxiliar comentaban que la ginecóloga que estaba de guardia prefería las ventosas y que ellas pensaban que era mejor usar forceps. Eran las 13:00.

Yo no quería ni pensar en instrumentos y decidí empujar con todas mis fuerzas, con aquellas que mi sabio cuerpo había guardado. Y empujé, y empujé y de repente la matrona se dió cuenta de que el expulsivo iba sin problema y con voz fuerte y apremiante llamó “que venga el padre de la criatura”.

Cuando llegaron a buscar a JP, mi hermana preguntó si ella no podía ir, pero la matrona no había dado la orden. Unos minutos después la matrona se acordó de mi hermana y la llamó.

JP se colocó a mi lado, al lado de mi cabeza y Lucía se quedó viendo cómo nacía su sobrina, viendo cómo me hacían la episiotomía, que por cierto no me dolió absolutamente nada y de la cual me recuperé antes de que me diera cuenta y de la que no me ha quedado ninguna secuela. Por suerte no hizo falta ningún instrumento.

A las 13:14 minutos nació Martina. Yo le había dicho a la matrona que quería hacer piel con piel, pero me comentó que si finalmente se usaban instrumentos no sería posible.

Como finalmente no fue así, una vez noté como salía todo el cuerpo me puso a Martina encima, calentita, grande, preciosa, hermosa. Venía con una vuelta de cordón que seguramente era la causa de que no bajara y no la viéramos en los pujos previos.

Cuando el cordón dejó de latir, la matrona lo cortó y a los pocos minutos expulsé la placenta.

La tuve unos minutos encima de mí, no me acuerdo bien y se la llevaron unos minutos mientras la pesaban y medían: 3530 gr y 54 cm. Yo propuse ponerla al pecho, pero me dijeron que me esperara un poquitín, me tenían que coser los dos desgarros internos que me hice al apretar con tantas fuerzas y la episiotomía. Estuve más o menos 45 minutos mientras me cosían. En todo ese tiempo Martina estuvo con su padre, calentita, sintiendo el amor, en esos brazos que tanto le gusta estar. Y por allí andaba Lucía, llorando desconsoladamente de la emoción.

A pesar de que tuvo muchas cosas que no quería, fue un momento muy especial, muy emotivo y que me hizo sentir muy feliz y que te demuestra que el amor a primera vista, existe.

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