Me ha salido un cana

Me gustan las canas. La gente me dice que es porque no tengo ninguna. Ya no podrán volver a decirlo. Ayer, mientras me peinaba, vi cómo lucía solitaria una cana sobre mi oreja derecha. ¿Habrá sido una premonición? Ay canita mía, ¿Por qué no has salido sobre mi oreja izquierda?

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¡Feliz cumpleaños Martina!

El 14 de diciembre de hace unos cuantos años nació el papá de Martina. Fue un nacimiento muy rápido, tan rápido que fue un nacimiento de película…..pero esa es otra historia.

Diez años después, el mismo 14 de diciembre, nació la primera sobrina del papá de Martina, es decir, la prima de Martina. Silvia es la hija mayor de la hermana mayor del papá de Martina, es decir, la tía de Martina.

María Carmen es como se llama la tía de Martina y ella nació el 10 de mayo. Unos cuantos años después nació Martina, el mismo día, el 10 de mayo.

Hermana y hermano tienen hijos el mismo día de su hermano y de su hermana. Se ha cerrado el círculo.

Acaba de empezar el 10 de mayo y miro un par de años atrás y me veo teniendo contracciones, preparándome para el momento más importante de mi vida, el nacimiento de Martina.

Han pasado dos años, rápidos, intensos, felices. En estos dos años hemos aprendido que el amor hacia un hijo/a es algo que no se puede medir, es algo tan grande y tan maravilloso que no se puede describir.

Han pasado dos años desde el primer momento en el que sentí el cuerpo cálido de Martina sobre mi tripa todavía hinchada.

Han pasado dos años desde ese primer momento en el que Martina se agarró a mi pecho y empezó a comer y a hacerme ver que la fuerza y la persistencia es algo contra lo que no se puede luchar.

Han pasado dos años desde que la pareja pasó a formar el trío, un trío al que le gusta estar juntos, unidos, abrazados, sintiéndonos, queriéndonos.

Martina ha pasado de ser un bebé, un bebé hermoso y tranquilo, a ser un terremoto incansable, cariñosa, habladora, risueña, simpática, juguetona, a ser nuestro “cachorrito”, nuestra nenita.

¡Muchas felicidades Martina!

Te queremos.

Papá y mamá.

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El olor de aquellos cómics

Para describir lo que yo siento al leer u releer una y mil veces las sagas recogidas en este tomo, tendría que saber describir el olor de los viejos cómics de Vértice, el color de sus amarillentas páginas en las que descubrí por primera vez a los héroes proscritos, tan alejados de los que por entonces eran mis personajes favoritos (y lo siguen siendo, no he cambiado): los Vengadores.

Ahí vi por primera vez unos personajes que interactuaban entre ellos de una manera natural, casi real. Las eternas discusiones entre dos personalidades tan diferentes como las de Scott Summers y Logan, las confidencias entre dos amigas tan alejadas en tantos sentidos, Ororo y Jean, o la marcada personalidad irlandesa de Sean Cassidy. También me fascinaba esa particularidad de los personajes, el que no fueran todos yanquis, el grupo lo conformaban un ruso, un alemán, un canadiense, un irlandés, lo que le daba un áurea especial y hacía más fácil el identificarse con ellos.

Tardé muchos años en poder leer todas las sagas de manera continuada, en orden cronológico, ya que mi economía de púber no daba para hacerme con todos los números y tuve que esperar hasta unos años después a la edición de Forum. De todas formas los números del volumen 3 de Vértice siguen teniendo un encanto especial, y de vez en cuando me gusta cogerlos de su sitio en el estante, quitarles sus fundas (claro, si no se deterioran) y leer otra vez Uncanny X-men

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Relato de un parto II

Hace unos día comencé con el relato de mi parto.

Así continuó…

Una vez que había salido de cuentas mi hermana se vino a dormir a casa.

El hecho de que estuviera cerca y nos pudiera acompañar al hospital nos hacía estar más relajados.

El sábado 9 de mayo Lucía salió a tomar algo. No iba a volver tarde porque sabía que yo estaba a punto de caramelo. Eran cerca de las 3 de la mañana cuando entró por la puerta de casa.

Yo estaba para irme al hospital, con un mal cuerpo que no podía con él, vomitando, y con contracciones muy seguidas y dolorosas.

Aún así, yo sabía que me faltaba un largo camino y me resistía a irme.

Llegó y me dio un ultimatum “¡Ahoramismoalhospital!” así, sin respirar. Me di cuenta de tanto ella como JP tenían razón y debíamos ir al hospital. Me di una ducha, preparé mis cosas y nos fuimos.

Al llegar a urgencias nos subieron en seguida a paritorio. En la entrada coincidí con una chica que tuvo un parto corto, rápido y menos doloroso que el mío, ¡qué envidia me daba!

La suerte de que viniera mi hermana era que justo en esa época estaba haciendo las prácticas de enfermería y podía estar con nosotros todo el tiempo.

Todo el proceso de dilatación y expulsivo estuve acompañada por dos de las personas más importantes en mi vida.

La verdad es que fue largo y duro pero tengo unos recuerdos buenísimos, cómo disimulaban cuando se acercaba una fuerte contracción o cómo se turnaban de mano para que no siempre apretara fuerte al mismo. Hubo momentos de risa, de mucha risa, de recuerdos, de lloros, fueron horas inolvidables, no sólo por el hecho de que nuestra hija/sobrina estaba a punto de nacer, sino porque estábamos compartiendo un momento único.

Nada más llegar me hicieron un tacto para valorar de cuántos centímetros estaba. ¡4 cm! la cosa iba bien y parecía que no iba a durar mucho.

Me llevaron a una habitación en la que me conectaron a los monitores y a una maquinita que iba marcando la intensidad de las contracciones, ¡madre mía!, ¡cómo subía aquello!

Todavía no había roto la bolsa y, a pesar de que no quería que me la rompieran y que se rompiera sóla, cuando llegó la matrona con un pincho larguísimo y me dijo que la rompía, no supe decir que no. Al poco rato otro tacto, la cosa iba bien ¡6 cm!. Eran las 6 de la mañana y decidimos llamar a la familia. ¡Pobres! todavía les tocaba esperar un buen rato.

Hubo un cambio de turno, o llegó otra matrona, por cierto mucho más antipática que la primera. Me hico otro tacto, y me dijo que de 6 nada, que estaba de menos y que tampoco iba tán rápido. La pobre señora, por mucho que me cueste aceptarlo, tenía razón.

Yo había decidido no ponerme la epidural y en ningún momento me dijeron nada, pero…. las horas pasaban y cada vez aguantaba menos el dolor. Llevaba toda la noche sin dormir y estaba muyyyyyyyyyy cansada. Tras meditarlo mucho y tener a Lucía de recadera para comentárselo a mi madre, decidí pedirla. Eran las 9:30 de la mañana. Después de lo que me costó decidirme tuve la mala suerte de que habían perdido mis análisis. Tuvieron que volver a sacarme sangre. Yo tengo unas venas horribles, de esas que huyen cuando ven una aguja, y no me importa demasiado que me pinchen, pero siempre aviso de cuál es mi vena buena. Le tocó sacarme sangre a la matrona antipática y me contestó: “Las venas son mi especialidad” y pinchó justo al lado contrario de donde yo le había dicho, y claro, no sacó ni una gota y a mí me hizo polvo el brazo. Resignada, pero no dando su brazo a torcer me dice: “De aquí si que te voy a sacar” y la muy….no tengo palabras amables para definirla, me pincha en la mano. No es que me doliera especialmente, sobre todo si comparaba el dolor con las contracciones, pero todo el mundo sabe que es donde más duele, hay que ser…. por supuesto ni se disculpó ni nada.

Las análisis tardaron como una hora y a las 10:30 me llevaron para ponerme la epidural.

A las 11 aquello seguía doliendo lo mismo, tuve como 15 minutos de relax, y a partir de ahí todo volvió a ser como antes. Sólo se me durmió el muslo izquierdo (en el paritorio me comentó la matrona que era imposible que me hubiera hecho efecto porque me pusieron una cánula excesivamente corta y no me llegó la anestesia, pero bueno, tampoco  me importó).

Sobre esa hora me empezó a llevar una nueva matrona, y esta vez, ganamos con el cambio. Me hizo, creo que el último tacto, y me dijo que ya estaba totalmente dilatada pero que no se asomaba nada de nada y me animó a empezar a hacer pujos con cada contracción. Estuve así 2 horas. JP y Martina me miraban la entrepierna y me decían: “no se ve nada de nada”. Yo pregunté que qué se tendría que ver y me comentaron que se debería ver algo de pelo. JP y Lucía, por más que miraban no veían nada asomar.
Tras dos horas de pujos y ver qué aquello no avanzaba la matrona decidió llevarme al paritorio para valorar qué instrumento usar. Al ser un parto instrumentalizado no dejaron pasar ni a JP ni a Lucía. Yo me fui hacía aquella habitación sóla, sin los míos, a sufrir con casi total seguridad una gran herida.

Una vez llegamos al paritorio me tumbaron en el potro, me coloqué y escuchaba cómo la matrona y la auxiliar comentaban que la ginecóloga que estaba de guardia prefería las ventosas y que ellas pensaban que era mejor usar forceps. Eran las 13:00.

Yo no quería ni pensar en instrumentos y decidí empujar con todas mis fuerzas, con aquellas que mi sabio cuerpo había guardado. Y empujé, y empujé y de repente la matrona se dió cuenta de que el expulsivo iba sin problema y con voz fuerte y apremiante llamó “que venga el padre de la criatura”.

Cuando llegaron a buscar a JP, mi hermana preguntó si ella no podía ir, pero la matrona no había dado la orden. Unos minutos después la matrona se acordó de mi hermana y la llamó.

JP se colocó a mi lado, al lado de mi cabeza y Lucía se quedó viendo cómo nacía su sobrina, viendo cómo me hacían la episiotomía, que por cierto no me dolió absolutamente nada y de la cual me recuperé antes de que me diera cuenta y de la que no me ha quedado ninguna secuela. Por suerte no hizo falta ningún instrumento.

A las 13:14 minutos nació Martina. Yo le había dicho a la matrona que quería hacer piel con piel, pero me comentó que si finalmente se usaban instrumentos no sería posible.

Como finalmente no fue así, una vez noté como salía todo el cuerpo me puso a Martina encima, calentita, grande, preciosa, hermosa. Venía con una vuelta de cordón que seguramente era la causa de que no bajara y no la viéramos en los pujos previos.

Cuando el cordón dejó de latir, la matrona lo cortó y a los pocos minutos expulsé la placenta.

La tuve unos minutos encima de mí, no me acuerdo bien y se la llevaron unos minutos mientras la pesaban y medían: 3530 gr y 54 cm. Yo propuse ponerla al pecho, pero me dijeron que me esperara un poquitín, me tenían que coser los dos desgarros internos que me hice al apretar con tantas fuerzas y la episiotomía. Estuve más o menos 45 minutos mientras me cosían. En todo ese tiempo Martina estuvo con su padre, calentita, sintiendo el amor, en esos brazos que tanto le gusta estar. Y por allí andaba Lucía, llorando desconsoladamente de la emoción.

A pesar de que tuvo muchas cosas que no quería, fue un momento muy especial, muy emotivo y que me hizo sentir muy feliz y que te demuestra que el amor a primera vista, existe.

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Relato de un parto I

Hace 23 meses y 8 días que di a luz y desde entonces llevo pensando en contar cómo fue mi parto. Aquí os cuento cómo empezó el inicio de mi nueva vida.

El sábado 9 de mayo me desperté más temprano de lo normal. Aunque a mucha gente le quita el sueño el último trimestre del embarazo, la verdad es que yo parecía una marmota.

Ese día me levanté, como ya os comentaba, más temprano de lo normal, a eso de los 8 de la mañana. Fui al baño y vi que estaba echando el tapón mucoso. Me puse muy nerviosa, ya que aunque llevaba 3 días fuera de cuentas, el momento del parto lo seguía viendo muy lejano.

Desperté a mi pareja y le comenté lo del tapón. Él también se puso nervioso, pero decidimos tomarnoslo con calma y ver cómo evolucionaba el día.

Como era sábado, y siguiendo viejas costumbres, nos duchamos y salimos a desayunar un estupendo café y una enorme tostada en la Cafetería Chema, el sitio en el que mejor se desayuna de toda mi ciudad.

Al poco tiempo de salir de casa empecé a notar que estaba teniendo unas ligeras contracciones. Eso no nos quitó ánimos para seguir con nuestros planes. Dimos un largo paseo y  poco a poco iba notando contracciones más fuertes.

Hablé con mi madre por teléfono y me decía que me fuera a casa a descansar, que a lo mejor me ponía ya mismo de parto, vamos, que estaba más nerviosa que yo.

Después de ver unas cuantas tiendas y tener que pararnos bastante a menudo para sobrellevar las contracciones no dolorosas, nos volvimos para casa.

Comimos, y después de comer nos sentamos un rato en el sofá a hablar sobre el nacimiento de nuestra hija y sobre cómo nos iba a cambiar la vida.

Vinieron a vernos mi madre y mi amiga Cristina con Ramón.

Mientras hablábamos yo me tenía que ir parando cada vez que me venía una contracción. Poco a poco iban siendo más fuertes y más rápidas, pero seguían sin ser dolorosas, tan sólo empezaban a ser molestas.

Pasamos la tarde bastante bien y a eso de las 19:00 decidimos acercarnos por el  hospital a que me echaran un vistazo. Las contracciones ya eran muy seguidas y empezaban a ser bastante molestas.

Al llegar al hospital me subieron a la planta donde se encuentran los monitores, las salas de dilatación y los paritorios.

Los monitores mostraban contracciones, pero no efectivas y decidieron hacerme un tacto, para lo que no iba preparada. De todos modos, el matrón fue muy delicado y se lubricó lo suficiente para que no me molestara. El cuello no estaba borrado del todo y había dilatado apenas 1 ó 2 centímetros. Me mandaron para casa después de un par de horas.

De camino a casa pasamos por mi hamburguesería preferida, el McQueens, y me pedí una estupenda Wanton….. en qué horita!!!! El momento de parto se acercaba y se acercaba y mi cuerpo decidió que era el momento de echar todo lo que había en mi cuerpo y la hamburguesa fue de lo primero que eché.

A eso de las 2 ó las 3 de mañana, las contracciones seguían un buen ritmo y mi cara se contraía con cada una de ellas.

JP, mi hermana y yo nos arreglamos, cogimos nuestras cosas y nos fuimos hacia el hospital.

Continuará…..

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La thermomix

Hace poco más de dos años me compré la Thermomix. No fue una decisión fácil. Por aquel entonces me costó 940 euros y eso es una cantidad de dinero que hizo que me lo pensase, y mucho, si comprármela o no.

Cuando inviertes de esa manera en un instrumento de cocina lo que debes tener claro es que hay que amortizarlo. ¿De qué sirve gastarse ese dinero si luego lo tienes como adorno en la cocina?

Desde el principio la he usado bastante y hago con ella multitud de platos dulces y salados.

Este fin de semana ha tocado dulce y droguería.

Ayer preparé jabón para la lavadora.

RECETA

– 200 gr de jabón casero (un poco más abajo os pongo la receta).

– 1300 ml de agua.

– Un vaso de amoniaco.

1. Se pone el jabón en el vaso y se pulveriza 25 segundos velocidad 10.

2. Se añade 500 ml de agua y se pone mismo tiempo, misma velocidad.

3.  Se añade el resto de agua y se pone mismo tiempo misma velocidad.

4. Se echa en una botella vacía, se añade el amoniaco y se deja destapado un par de horas.

¡Ya está listo para usarse! La ropa se queda estupenda. Yo lleno una arielita por un poco más de la mitad y le echo un poco de ariel líquido sensaciones.

Esta mañana me he vuelto a levantar con ganas de utilizar el cacharillo y me he puesto manos a la obra.

He empezado preparando unas magdalenas cuya receta saqué del magnífico blog de cocina http://www.velocidadcuchara.com, adaptando un poco las medidas para hacer 36 magdalenas.

RECETA

– 500 gr de harina

– 4 huevos

– 330 gr azucar

– 330 gr de aceite de girasol

– 330 gr de leche

– 4 sobres dobles de gaseosa y litines. (Los venden en el Mercadona)

– Ralladura de una naranja. (En la receta original pone limón)


1. Precalentamos el horno a 180º.
2. Ponemos la mariposa en las cuchillas y echamos en el vaso los huevos, el azúcar y la ralladura de la naranja. Programamos 4 minutos, 37º, velocidad 1 y ½.
3. Volvemos a programar 6 minutos, 37º, velocidad 1 y ½. Durante los 3 primeros minutos añadimos el aceite poco a poco sobre la tapadera con el cubilete puesto. Durante los tres últimos minutos se hace lo mismo con la leche. Quitamos la mariposa.
4. Añadimos la harina y los sobres de gaseosa y programamos 2 minutos, 37º, velocidad 3.
Dejamos reposar 5 minutos.
5. Metemos los moldes de las magdalenas en una bandeja para el horno con 12 huecos. Llenamos los moldes de papel hasta arriba con la mezcla y horneamos durante 15 ó 20 minutos, colocando la bandeja a altura media.
6. Cuando estén horneadas sacar y poner sobre una rejilla hasta que se enfríen.
Como me ha salido bastante cantidad he añadido a 1/3 de la masa perlas de chcocolate, a otro 1/3 trocitos de fresas naturales y al último 1/3 un poco de agua de azahar y un poco de azúcar por encima.
Para seguir con mi día de cocinilla he hecho un zumo integral de naranja.
RECETA
– 5 naranjas de zumo peladas sin nada de blanco.
– 1 limón pelado sin nada de blanco y sin pepitas.
– 120 gr de azucar.
– 750 ml de agua.

1. Se echan las naranjas, el limón y el azúcar en el vaso y se tritura 1 minuto a velocidad 5.
2. Se vuelven a poner 2 minutos en velocidad progresiva 5-10.
3. Se añade el agua y se mezcla unos segundos a velocidad 2.
Este zumo está muy rico. Merece la pena prepararlo para el desayuno.
Y por último, he preparado más jabón casero, está vez, el jabón de toda la vida que es el que utilizo para lavarme las manos, hacer el jabón de la lavadora, quitar manchas y en breve empezaré a usar como lavavajillas. Es genial porque sale muy barato y reciclas el aceite usado.
RECETA
– 17o gr de sosa cáustica.
– 1 litro de agua.
– 1 litro de aceite.
1. Echas en un barreño el agua y añades poco a poco la sosa cáustica. Hay que hacerlo con cuidado, en un sitio ventilado, con guantes y mascarilla. Moverlo de vez en cuando durante una hora.
2. Colar muy bien el aceite usado. Yo pongo dos servilletas de papel en un bote vacío y voy echando el aceite usado poco a poco.
3. Echar el aceite filtrado en el vaso de la thermomix. Añadir el agua con la sosa cáustica disuelta.
4. Poner 20 minutos velocidad 2.
5. Echarlo en un molde (no puede ser de aluminio) y dejar tapado un par de días. Después se puede cortar. El jabón tiene que madurar durante un mes para que la sosa “muera” totalmente.
Como veréis, se me da bien aprovechar los fines de semana. Ahora, a descansar un ratito y por la tarde a seguir haciendo cosillas.
¡¡¡¡Saludos!!!!
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Castigos, cachetes y rincón de pensar

Martina tiene 23 meses (los hace en 3 días). Estos meses han pasado más rápido de lo que me hubiera gustado. Han sido unos meses intensos, de amor, de nuevas sensaciones, de descubrimientos, en definitiva, han sido unos meses maravillosos.

Martina ha cambiado desde ese día 10 de mayo en el que me la pusieron encima de mi tripa, todavía con el cordón enganchado a la placenta y con ese tacto suave y tibio que me llenó de alegría y de ternura.

Ha sido un bebé tranquilo, independiente, poco llorona y de buen humor y buen comer. Empezó a gatear tarde y poco después comenzó a andar. No ha hecho grandes trastadas y en casa apenas hemos quitado cosas de casa para que no las toque, porque en cuanto le dices que eso no se toca, lo comprende y no lo toca, y si lo toca, lo hace para jugar un rato contigo y enseguida se cansa y se va con sus juguetes.

Cuando me encuentro con gente que tiene hijos de la edad de Martina, o edades similares, ya sean amigos o conocidos o desconocidos en el parque, me doy cuenta de que les regañan, y mucho, de que les dicen mil y una vez: ésto No se toca, ésto NO se hace, Ésto NO, NO, NO…. no me extraña que sea la palabra más repetida por muchos niños. Es algo que no deja de sorprenderme. No es que yo no regañe a Martina, si hace algo que yo considero que está mal (ojo, no digo que esté mal) se lo digo, le hago saber que eso que ha hecho no está bien o no es lo correcto. Intento decírselo no por capricho, si no por cosas que realmente no estén bien (cerrar de golpe el portatil, tirar cosas al suelo desde la trona susceptibles de romperse o dar con algo en la pantalla de la tele) y no se lo digo por cosas que aunque socialmente no estén bien vistas, no me hacen ni le hacen daño (romper una servilleta en mil pedacitos, vaciar el bote de los lápices encima de la mesa). Pero no la regaño como tal, ni le doy en la mano, ni le digo que se va a tener que poner en una sillita a pensar sobre ello, ni le castigo sin dibujos por ello, simplemente se lo digo y si quiere seguir haciéndolo, la distraigo con otra cosa, la cambio de lugar o me pongo a jugar con ella con otra cosa.

¿Hasta qué punto ella hace esas cosas no aceptables para fastidiar? o ¿hasta qué punto es ella consciente de lo mal que está haciendo una cosa? No creo en el regañar por regañar, y en estos 23 meses son pocas las veces que hemos regañado a Martina, por supuesto nunca le hemos dado un cachete, ni un manotazo en la mano, ni la hemos castigado, ni la hemos puesto a pensar, pero no porque no la queramos regañar, si no porque no se lo merece, no merece un castigo o un cachete por algo que forma parte del aprendizaje, del ensayo, del error, del día a día y porque estos métodos no son aceptables en mi forma de educar.

Creo que los padres deben ser el ejemplo de sus hijos y que ellos aprenden por imitación los comportamientos de sus padres, los buenos y los malos.

 

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Talleres de lactancia

Hace unos días una chica me preguntaba si los talleres de lactancia eran importantes. Este post se lo dedico a ella, que seguro que sabe quién es.

¡Qué importantes son los talleres de lactancia!

Cuando estaba embarazada coincidió con que mi hermana estaba haciendo las prácticas de enfermería en el centro de salud que me corresponde.

Durante su estancia allí pasó unas semanas con la enfermera de pediatría, que es, también, la encargada de los talleres de lactancia del centro de atención primaria de La Solana.

Mi hermana le comentó que yo estaba embarazada y que estaba buscando información sobre lactancia y reducción de pecho. (La lactancia)

Su consejo fue que me pasara por el taller cuanto antes. Así es que allí que me fui con mi tripón de casi 8 meses a ver cómo funcionaba eso de los talleres.

La sensación que me llevé fue muy agradable. Un lugar de reunión donde las mamás iban a dar la teta y donde tenían a una persona experta en el tema para poder resolver las dudas.

El mismo día que nos dieron el alta coincidió con que fue martes, día que se hacen los talleres, y al llegar a casa dejamos plantadas a las visitas y nos bajamos al taller.

La mayoría de bebés eran más grandecitos y se veía a Martina muy pequeñita.

Yo tenía el pecho a punto de darme la gran subida y lo empezaba a tener muy ingurgitado.

Esa primera visita al taller donde valoraron agarre al pecho, postura, me dieron consejos, me quitaron miedos, fue la base y la clave de que no haya tenido problemas durante mi lactancia.

Las primeras semanas llegas al taller con ganas, con ansias por preguntar, por ver cómo les va al resto de mamás. Estás deseando preguntar cómo le va a la mamá que le salieron grietas, o cómo está aquella que había tenido una obstrucción, y qué tal le irá al bebé que estaba cogiendo poco peso.

El taller no es sólo un lugar donde das la teta y tienes una persona que te asesora. A las pocas semanas me fui dando cuenta de que el taller era un lugar de intercambio, de apoyo, de confianza, un lugar donde poder explicar qué te pasa, o qué no te pasa, donde poder preguntar por temas que otras mamás están viviendo en el mismo momento que tú.

Es un lugar donde encontrarás amigas, donde tus hijos empiezan a aprender a jugar, empiezan a aprender a conocer a otros bebés. Es un espacio en el que te sientes cómoda haciendo algo que te llena de satisfacción, un lugar donde descubres que a pesar de las dificultades que puedan surgir en el camino siempre habrá una madre que te acompañará o te guiará o te aconsejará.

Y las semanas pasan y los bebés dejan de ser bebés y se te escapa el tiempo en el que la cogías y era pequeñita y de repente, de sopetón, han pasado 6 meses y tienes que empezar con la alimentación complementaria. Es a partir de ese momento cuando el taller y las personas que forman parte de él se convierten en tus aliados. En tus guías en el proceso de introducción de nuevos alimentos. Una semana una introduce la pera y a la semana siguiente, todas hemos introducido la pera. A la semana siguiente tú pruebas a darle un trozo entero de patata y a la semana siguiente varias se aventuran a hacer lo mismo.

Es un lugar en el que puedes contar los logros de tu hija y un lugar en el que escuchas atenta los logros de los hijos de los demás.

Sólo puedo hablar maravillas de los talleres de lactancia ( y que conste que no siempre he estado o estoy de acuerdo con consejos y pautas que se siguen) pero es un lugar que me hace sentir bien y al que sigo acudiendo a pesar de que Martina va camino de los 23 meses y la teta la tenemos bastante controlada.

 

No lo dudéis, pasaros por los talleres de lactancia, lo agradeceréis.

 

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¡Feliz día del padre!

Martina tiene poco más de 22 meses y le cuesta escribir en el ordenador, por ello, me ha animado a escribir este post en su nombre.

“Querido papá.

Hoy es el segundo día del padre que paso contigo. Es un día muy especial para mí porque además de poder compartirlo contigo puedo hacer un repaso de todas las experiencias que hemos vivido juntos.

Con este pequeño texto que mamá está escribiendo en mi nombre quiero aprovechar y decirte:

– Gracias por cuidar de mamá mientras estaba dentro de su tripa.

– Gracias por pasar con ella ese primer día del padre, que aunque yo no había nacido, tú disfrutaste como un día especial.

– Gracias por hablarme y cantarme y contarme cuentos mientras que estaba dentro de mamá.

– Gracias por acompañar a mamá durante el largo parto.

– Gracias por darme calor nada más nacer y tenerme en tus brazos y acariciarme y abrazarme en esos primeros momentos.

– Gracias por cuidarme y darme amor.

– Gracias por cambiarme y bañarme.

– Gracias por cogerme y achucarme.

– Gracias por darme de comer cuando empecé a comer otras cosas además de la tetita de mamá.

– Gracias por leerme cuentos y cantarme canciones.

– Gracias por vestirme y ponerme guapa.

– Gracias por llevarme al trabajo de mamá para poder estar un ratillo con ella.

– Gracias por llevarme de excursión, de vacaciones, al campo o de camping.

– Gracias por hacerme reír poniendo caras o haciéndome cosquillas.

– Gracias por darme leche con galletas cada mañana y por dejar que te ayude con la cuchara llevándola “juntos”.

– Gracias por dejarme ver un ratito la tele.

– Gracias por jugar conmigo en la casita y con todos mis muñecos.

– Gracias por consolarme cuando me hago daño.

– Gracias por enseñarme a vivir bajo valores como la justicia, la tolerancia, el respeto.

Pero sobre todo GRACIAS POR QUERERME, POR RESPETARME, POR DARME TODO TU AMOR, Y POR DEMOSTRARME A DIARIO QUE LO DARÍAS TODO POR MÍ.”

Feliz día del padre Juan Pedro

 

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Domingos

¡Qué gran día es el domingo!

Si lo pienso friamente prefiero los sábados, ¿por qué? porque al día siguiente no se trabaja y te queda un día entero para disfrutar. Pero…… los domingos tampoco están nada mal. Hay domingos que no salgo de casa y soy muy feliz por ello. Por las mañanas recibimos la visita de los abuelos, comemos tranquilamente, cocino, veo internet, estudio, dibujo o quizá hago algo con la máquina de coser. Hay otros domingos que no hago absolutamente nada, hago el vago y se acabó.

Hoy ha sido un domingo completo, que además es muy relajado porque mañana y pasado no trabajo, por lo que no tenía pereza para hacer cosas.

Esta mañana ha venido mi suegra para traernos unas torrijas. La verdad es que nos ha solucionado la tarde, que tenía pensado dedicarla a hacer un pan o unos suizos, pero al final no he hecho nada, las torrijas nos servirán de cena.

Hemos ido a comer a casa de mis padres. Mi padre ha hecho (con la colaboración de mi madre) unas riquísimas patatas revolconas y de postre, mi madre no has hecho manzanas asadas. Estaba todo buenísimo, y lo mejor, llegas a casa y no tienes nada que recoger.

Después de comer hemos dado un mini paseo, mini porque hacía bastante frío y nos apetecía llagar a casa y ponernos el pijama.

Ahora estamos apurando la tarde, yo viendo internet, JP leyendo y Martina viendo un poco la tele.

Completaremos la tarde preparando un rico chocolate caliente que acompañaremos con esas ricas torrijas que nos trajo mi suegra.

¡Feliz domingo!

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