¡3 años! (parte 1)


El 10 mayo fue el cumpleaños de Martina. 3 años. Y hoy, varios días después es un momento estupendo para hacer un pequeño resumen de lo que han sido estos tres años para mi, y de los cambios y adelantos que ha sufrido desde que nació.

El día que nació Martina fue un día largo, la noche del parto no dormimos nada, pero nada de nada. Empecé con contracciones la mañana anterior, las contracciones fuertes y la preparación del cuerpo empezaron a última hora del día y Martina nació a las 13:14 del día siguiente, por lo que estuvimos toda la noche entre contracciones, tactos y pujos. A las 13:00 me llevaron a paritario mientras la matrona le comentaba a la auxiliar que la cosa no avanzaba y que habría que usar instrumentos. En ese momento  mi cuerpo sabía lo que tenía que hacer, empujar, empujar con fuerzas, pero lo que tenía que hacer era sacar, no quería que me metieran nada. Y salió, la matrona apenas podía dar crédito, en 14 minutos tenía a Martina sobre mi tripa y yo preguntando si le podía dar el pecho ya. Si hubiera sido ahora, no lo habría preguntado, la habría puesto sin más, pero los miedos de las primerizas hacen que nos perdamos muchas cosas. La consecuencia de esos esfuerzos fueron una episiotomía y un desgarro por dentro que, tras 45 minutos de costura, me curaron estupendamente bien sin dejarme ningún tipo de secuela.

Martina había nacido, nacido entre cariño, risas, llantos y emociones. Estuve toda la dilatación acompañada y dsfrutándolo con JP y con L, y siempre que lo recuerdo no pienso en la intensidad del dolor, en los molestos tactos, pienso en las risas, en las miradas, en las emociones, en las ansias por ver la carita de nuestra hija y su sobrina.

Martina nació y se enganchó al pecho, no había pasado ni una hora y estaba enganchada, yo sufriendo, con miedos, pero ella con seguridad, olió, buscó, encontró, se enganchó y no lo soltó por mucho tiempo, ni sabemos cuando lo soltará.

Ese primer día estuvo lleno de presentaciones, encuentros, visitas, cariño y por la tarde un pequeño susto, de repente Martina se atragantó con una flemilla o con saliva, no lo se, y empezó a no poder respirar, le empezó a cambiar el color, con la mala suerte de que en ese momento me encontraba sóla en la habitación. Grité llamando a las enfermeras, pero no me oyeron, y cuando estaba levantándome de la cama para llevarla a las enfermeras llegó mi tía Maribel que rápida fue a pedir ayuda a las enfermeras. Fueron segundos, pero a mi se me hicieron interminables. La enferma llegó, le dio la vuelta, y todo pasó, menos mi miedo. Esa noche, tampoco dormí demasiado, el miedo a que se volviera a atragantar estaba tan presente que no podía conciliar el sueño.

Al día siguiente nos dieron el alta y para casa. Nuevas visitas, nuevos encuentros, pero en casa, en nuestra cama, nuestro sitio, nuestro hogar.

La adaptación fue rápida, pero a los dos días de vuelta a hospital: ingreso por ictericia. Yo ingresé con ella y estuvimos dos días de aquí para allá, de neonatos a la habitación, dando teta, con el sacaleches, para que una enfermera incompetente se despidiera de nosotros, en el momento del alta con un: “como has visto, no tienes suficiente con tu leche”. Tres años y una semana de lactancia, y lo que quede, ¡menos mal que no tenía suficiente con mi leche!, ¡menos mal que no podría dar el pecho!, ¡menos mal que resulta fácil no hacer caso cuando algo no me interesa y que soy tan cabezona como para luchar por algo en lo que creo!

Los meses pasan rápido y desde el primer momento teníamos una cosa muy clara, no querer que el tiempo pasase tan rápido, para ello, sólo había que disfrutar de cada momento, de cada día, de cada mes. Hicimos colecho con cuna sidecar desde el primer día. Martina nunca fue una niña muy cariñosa, y siempre ha sido muy independiente, por lo que no conseguimos que durmiera muchos días entre nosotros, siempre se movía hasta que le pasábamos a su cuna, y entonces, empezaba a descansar. Ha sido una niña bastante dormilona, con varias siestas hasta el año y un par de ellas hasta el año y medio. Y por la noche despertaba dos o tres veces, tomaba su ración de leche y seguía durmiendo, sin espabilarse, sin llorar.

Y así llegó al año. Con un año empezó a gatear, hasta entonces reptaba, se movía por la habitación, se giraba, empezaba a parlotear. Con poco más de un año dijo su primera frase: mamá, teta por favor.

Continuará…..

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Acerca de ladeloszapatitosrojos

Mamá de Martina, pareja de JP e intérprete de lengua de signos española.
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