Treinta y cinco


El pasado lunes fue mi cumpleaños.

Treinta y cinco primaveras llevo por estos lares.

A lo largo de estos treinta y cinco años he hecho muchas cosas en mi vida.

Tuve una infancia feliz, una adolescencia con épocas rebeldes y una juventud bastante tranquila.

Nunca fui buena estudiante, demasiadas cosas que hacer y que pensar como para sentarse delante de un libro a aprenderte la lección. Aún así tengo un ciclo de grado superior, una diplomatura, una licenciatura a medias y otro ciclo de grado superior pendiente de 3 asignaturas. (He de decir que de mayor he sido mejor estudiante que la que era en el instituto).

Desde siempre me ha gustado la lengua de signos y la comunidad sorda y llevo trabajando de intérprete desde el año 1999.

Aprobé una oposición en el año 2007, con 31 años recién cumplidos y me dieron destino, en la ciudad en la que nací, crecí y he vivido casi siempre, en el 2008. Ese mismo año me embaracé y en el 2009, con 32 añitos, fui madre.

Han pasado treinta y cinco años desde que mis padres se convirtieron en padres. Nunca supe lo que eso significaba, podía entender el amor de una hija hacia sus padres, ese amor incondicional, pero nunca me planteé cómo era el amor que mis padres sentían por mi.

Dicen que cuando te conviertes en madre descubres muchas cosas, descubres la paciencia, la calma, el sacrificio, pero sobre todo, descubres el amor, es un amor muy distinto al que puedas sentir por tus padres, o por tus hermanos, o por tu pareja, es una amor, tan grande, que los primeros meses me cortaba la respiración. Miraba a Martina y pensaba en cuanto la quería y se me saltaban las lágrimas. Hoy en día, se lo digo a menudo y es un placer cuando ella me contesta con su lengua de trapo: “Yo también” o te dice “Te quiero mucho” o incluso cuando lo dice con sus manitas, con esa lengua de signos que aprende conmigo, y siempre lo dice cuando menos te lo esperas, cuando más lo necesitas, o quizás siempre acierta porque el cariño siempre se necesita, y el sentirte querido es imprescindible en la vida.

En estos treinta y cinco años me he sentido querida. He notado el amor de mis padres con sus actos, con su día a día, con sus esfuerzos. He notado el de mis hermanos con sus llamadas, con sus conversaciones, con sus confidencias. He notado el amor de mi pareja con sus abrazos, con sus palabras. Y noto el amor de mi hija con su presencia.

En definitiva, he cumplido treinta y cinco años y espero seguir cumpliendo muchos, muchos más y sobre todo espero que se parezcan a estos primeros.

Gracias a mi familia, a mi gente, a mis amigos, a todas esas personas que se han acordado de mi en mi día, a aquellas personas que me han dejado su felicitación en el facebook, a todas aquellas que me han escrito un correo electrónico, y muy especialmente, gracias a los que me acompañaron en ese día e hicieran de él un día estupendo.

E

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Acerca de ladeloszapatitosrojos

Mamá de Martina, pareja de JP e intérprete de lengua de signos española.
Esta entrada fue publicada en LSE, Madre/hija, Maternidad y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Treinta y cinco

  1. silvia dijo:

    felicidades atrasadas!! espero que lo pasarais muy bien!

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