Castigos, cachetes y rincón de pensar


Martina tiene 23 meses (los hace en 3 días). Estos meses han pasado más rápido de lo que me hubiera gustado. Han sido unos meses intensos, de amor, de nuevas sensaciones, de descubrimientos, en definitiva, han sido unos meses maravillosos.

Martina ha cambiado desde ese día 10 de mayo en el que me la pusieron encima de mi tripa, todavía con el cordón enganchado a la placenta y con ese tacto suave y tibio que me llenó de alegría y de ternura.

Ha sido un bebé tranquilo, independiente, poco llorona y de buen humor y buen comer. Empezó a gatear tarde y poco después comenzó a andar. No ha hecho grandes trastadas y en casa apenas hemos quitado cosas de casa para que no las toque, porque en cuanto le dices que eso no se toca, lo comprende y no lo toca, y si lo toca, lo hace para jugar un rato contigo y enseguida se cansa y se va con sus juguetes.

Cuando me encuentro con gente que tiene hijos de la edad de Martina, o edades similares, ya sean amigos o conocidos o desconocidos en el parque, me doy cuenta de que les regañan, y mucho, de que les dicen mil y una vez: ésto No se toca, ésto NO se hace, Ésto NO, NO, NO…. no me extraña que sea la palabra más repetida por muchos niños. Es algo que no deja de sorprenderme. No es que yo no regañe a Martina, si hace algo que yo considero que está mal (ojo, no digo que esté mal) se lo digo, le hago saber que eso que ha hecho no está bien o no es lo correcto. Intento decírselo no por capricho, si no por cosas que realmente no estén bien (cerrar de golpe el portatil, tirar cosas al suelo desde la trona susceptibles de romperse o dar con algo en la pantalla de la tele) y no se lo digo por cosas que aunque socialmente no estén bien vistas, no me hacen ni le hacen daño (romper una servilleta en mil pedacitos, vaciar el bote de los lápices encima de la mesa). Pero no la regaño como tal, ni le doy en la mano, ni le digo que se va a tener que poner en una sillita a pensar sobre ello, ni le castigo sin dibujos por ello, simplemente se lo digo y si quiere seguir haciéndolo, la distraigo con otra cosa, la cambio de lugar o me pongo a jugar con ella con otra cosa.

¿Hasta qué punto ella hace esas cosas no aceptables para fastidiar? o ¿hasta qué punto es ella consciente de lo mal que está haciendo una cosa? No creo en el regañar por regañar, y en estos 23 meses son pocas las veces que hemos regañado a Martina, por supuesto nunca le hemos dado un cachete, ni un manotazo en la mano, ni la hemos castigado, ni la hemos puesto a pensar, pero no porque no la queramos regañar, si no porque no se lo merece, no merece un castigo o un cachete por algo que forma parte del aprendizaje, del ensayo, del error, del día a día y porque estos métodos no son aceptables en mi forma de educar.

Creo que los padres deben ser el ejemplo de sus hijos y que ellos aprenden por imitación los comportamientos de sus padres, los buenos y los malos.

 

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Acerca de ladeloszapatitosrojos

Mamá de Martina, pareja de JP e intérprete de lengua de signos española.
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